El niño egoísta, ¿nace o se hace?

Peleas entre niños. ¿Es bueno meterse en medio?. Cuando eres adulto y todavía no has tenido hijos crees que los problemas que puede plantearte un pequeño no son tan complicados como para no resolverlos rápida y eficazmente. Luego tienes niños y algunas de las situaciones que se te dan con tu hijo a diario se te hacen bola.

Momento parque, niños jugando.  Que si yo quiero la pala, que si no te la doy porque es mía. En décimas de segundo te pasan por la cabeza distintas formas de actuar o de no-actuar. “Aplica el sentido común”, te dices a ti misma. Pero el sentido común no te habla.

On the Playground

“Yo no me meto”, me decía el otro día una madre en el parque. “Si mi hijo no quiere darle a otro un juguete con el que está jugando no considero que no esté compartiendo. Si le obligas a dárselo a otro le estás quitando su juego para que juegue otro. Eso no es compartir. Otra cosa diferente es que lo tenga en el suelo y el otro lo quiera”. “Ahora bien, también le dejo muy claro que no puede pedir nada a otro niño que esté usando”, terminaba.

Otra madre opinaba que había que meterse siempre. Se agobiaba bastante con que su hija fuera el motivo del disgusto de otro.

Y entre tanto yo pensaba: ¿De verdad tenemos que tomarnos tan en serio estas pequeñas disputas infantiles?. ¿Son el comienzo de unos adultos tiranos y egoístas o ese sentimiento de propiedad en el niño es una etapa por la que tienen que pasar?.

Y entonces lees un estudio de la revista británica Nature y te relajas. “Los niños dejan de ser egoístas y aprenden los principios de justicia e igualdad a partir de los 7 y 8 años de edad”.

El estudio consistía en lo siguiente: los científicos dividieron a 229 pequeños que conformaban la muestra en grupos de dos y dieron a uno de ellos la posibilidad de elegir entre ganar un caramelo y no darle nada al compañero o que ambos ganaran un caramelo. A pesar de que su recompensa no variaba en absoluto al dar al otro niño un dulce, muchos de los niños de 3 y 4 años optaron por privar a su compañero del preciado premio. Sin embargo, el grupo de pequeños de 7 y 8 años optó mayoritariamente por la opción más justa.

Muchos padres al leer esto pensarían: “son niños bien educados por sus padres que les han enseñado a compartir”. Pero parece ser que no es solo eso sino que el ser humano se diferencia de los chimpancés (y del resto de los animales) en que no son egoístas toda la vida. Momentos egoístas tenemos, pero no es un sentimiento que prevalezca siempre sobre otros más nobles.

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Está claro que una buena educación e inculcar una serie de valores a nuestros hijos desde pequeños es fundamental. De lo que se siembra se recoge. Pero pretender que un pequeño de tres o cuatro años tenga el mismo comportamiento que un adulto es quizá exigirles demasiado.

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@macarena_orte