Querido doctor Sigmund Freud: una imagen vale más que mil palabras…

Del valor que tiene verte como te ven otros ojos…

Pues sí, lo reconozco: tenía el día tonto, o mejor dicho, la semana tonta, o mejor dicho, una época tonta. Porque, sí, llevo muy bien la presión, aguanto el ritmo fuerte (mi cuerpo responde mejor a él que a la ingravidez del no hacer nada), pero había llegado un momento en el que nada me sabía igual. Insatisfacción: esa era la palabra. Comigo misma y con lo que hacía. Todo me sabía a poco. Y, vale, cogí un libro de autoayuda (de esos en los que a veces encontramos pilares que ni en una cátedra de filosofía…), pero no. Sumaba palabras a lo que yo hago: palabras. Mi vida llena de palabras. Sólo palabras. Y, bueno, ciertas benditas nubes que me invento y me salvan. Pero sólo eso. Y me pongo a ver una peli. Y tampoco me sirve. Y salgo a correr. Y me veo sentada en el parque, sin fuerzas para dar un paso. Y yo no soy de darle, precisamente, a la comida para acabar con los males. Y así andaba… Vamos, más feliz que unas castañuelas… Y de pronto un día tengo que ir a una sesión de fotos. Una de tantas, la verdad. Sin nada especial salvo las personas implicadas: Valero Rioja, el fotógrafo, nada más verme,  me recibe con un beso que añade, como mínimo, 3 cm de autoestima: tan cálido, tan afectuso, tan ‘persona’ su beso. Y, en esa sesión, mientras  fotografían a una de nuestras madrinas de los Premios Cuida de Ti, Eva Escolano, la maquilladora, me mira y me dice: ¡ven! Y me sienta en una silla delantede un espejo. Y me dice: ¡levanta! Porque en esa silla mi espalda no descansaba. Y yo.. yo.. ¿pero cómo es posible que alguien se haya dado cuenta de que mi espalda no descansa? Callada, emocionada… Y coge una brochita y me maquilla los ojos, el rostro,  me pinta los labios… Y me cuenta y le cuento. Y nos reímos. Y entonces Jose, nuestro dire, me dice ‘Ponte este vestido’  y Valero grita ¡Y estos zapatos! Y me hacen una foto. Y así se acaba la nube. Sin ver el resultado. Y resulta que el sábado, mientras escribo (¡cómo no!) Valero me manda una foto (la que aquí os dejo). Y no os diré que la vida se ha vuelto de color de rosa, que no, que sigue siendo gris, con ssu infinitos matices y destellos dorados. Pero yo sí, yo sí, he recuperado las fuerzas, he respirado hondo. Mi espalda ha descansado.

Sabalete