Un día casi tengo un perro

Como suena. Lo habitual es que la gente tenga perro o no lo tenga, pero esta que os escribe sólo lo tuvo ‘casi’. Por cierto que esta confesión me va a pasar factura, y si no al tiempo, porque si hay algo que mis hijos no me van a perdonar jamás es haberme negado en redondo desde que eran pequeños (“antes tengo otro niño, fijaos lo que os digo, ¡y mira que me quedan pocas ganas!”), a que entrase un perro en casa primero y en nuestras vidas despues, que es a día de hoy y aún me saltan con que “¡Joooo!! ¡Yo quiero un perro!” y ya no son tan pequeños.

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Por aquel entonces acabábamos de comprar una casa con jardín (y esto lo descubrí con el tiempo) es muuuuuy fácil establecer esta asociación de conceptos: casa-jardín-perro. Niños no teníamos pero sí unos vecinos con un rottweiler que acababan de cruzar y un cachorrito monísimo que nos ofrecieron. Nos lo quedamos.

Perdón. Un paréntesis para comentar algo que también he descubierto con el tiempo: hay perros de moda. Hay razas que son tendencia, otras que de pronto están out y luego están los clásicos, lo mismito que en el mundo fashion. Los rottweiler eran entonces los perros de moda, pero luego ya no, y esos perros chinos llenos de arrugas también y luego les llegó el turno a los bull-dog franceses que dejaron paso a los carlinos antes de que arrasasen los pomerania. ¡Por Dios! ¿Alguien sabe qué ha pasado con los caniches?.

Volviendo a lo de mi no-perro y resumiendo: acogimos a esa monada y para cuando logramos ponernos de acuerdo en el nombre descubrimos que no quería estar con nosotros: en cuanto se le presentaba la ocasión se largaba a la casa de enfrente donde vivía su papá. Vuelta a casa con él. Se iba. Lo mismo… No logramos pasear con él más allá de la verja del vecino. Misión imposible dar un paso más allá, que no había un dios que le hiciera despegarse de allí. Lo devolvimos, claro, e incluimos en el kit el pienso, la mantita y los juguetes, porque no era cuestión de tener un perro fugitivo e infeliz.

baby rottweiler and his mother dog

Le guardo algo de rencor, lo confieso. Sentirse rechazada por un cachorro de perro no es fácil de superar. Marca para la vida.

Como lo de tener perro fue algo impulsivo pues no nos dio luego por plantearnos el tener otro y (hoy va de confesiones) me alegro in-fi-ni-to. No es que no me gusten los perros, pero antes de incluir uno en la familia hay que contar hasta diez, que luego es en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad… y del perro uno no puede divorciarse.

Somos la única familia que no tiene perro/perros de toda la calle y ¿sabéis? a mí me parece que algún que otro vecino nos mira como a bichos raros…

Elena Gómez